Aliança Norbertina

Abade Geral Dom Tomás Handgrätinger 12/11/10

Espiritualidad Premonstratense: ’Corazón y Custodia’

"Los dos Padres de la Orden, San Agustín y San Norberto, son habitualmente representados con dos símbolos muy expresivos y ‘demostrativos’: San Agustín con el corazón ardiente y San Norberto con la custodia (l’ostensoir, die Monstranz). Los dos distintivos de nuestros padres evocan muchas asociaciones e ideas".

Introducción

“Los premonstratenses no tienen nada especial!” Ese dicho de Francisco Suarez (Suarez, Opera Omnia XVI, tract IX, liber II, cap. V, 6, p. 516) ha influenciado durante mucho tiempo el pensamiento y aún la autoconciencia de nuestra Orden. Sin embargo grandes figuras espirituales y teológicas de nuestra Orden han siempre querido encontrar lo específico de nuestro ideal canonical. Pedro De Waghenare (de Veurne) ha definido de manera original el ideal de nuestra Orden, dando cinco características : la alabanza de Dios, el culto eucarístico, el culto mariano, el espíritu de privación y penitencia y el fervor apostólico para le salvación de las almas (Hagiologion, p. 194). Nuestro examen no será tan profundo. Tampoco se pondrán otros acentos que desmentirían la reflexión anterior. Con ocasión del encuentro con la comunidad de las hermanas en Toro (España) se han expuesto dos ideas sencillas. Los dos Padres de la Orden, San Agustín y San Norberto, son habitualmente representados con dos símbolos muy expresivos y ‘demostrativos’: San Agustín con el corazón ardiente y San Norberto con la custodia (l’ostensoir, die Monstranz). Los dos distintivos de nuestros padres evocan muchas asociaciones e ideas.

El Corazón

SAgostinhoSe representa a San Agustín con libros, con distintivos episcopales como la mitra y el báculo, o con un niño jugando con una cucharra en la orilla del mar. Pero la mayoría de sus representaciones usan como emblema principal el ‘corazón ardiente’. El corazón representa el amor, la comunidad (‘tengan una sola alma y un solo corazón’), la inquietud, la situación nunca saciada, el deseo de otear el horizonte buscando a Dios, la plenitud sin límite (‘en camino hacia Dios’), el deseo insaciado de la felicidad eterna y de la redención. El corazón, sobre todo cuando es ardiente, evoca el fuego, el entusiasmo, el ímpetu, el estado de ser devorado o consumido, la entrega y el don de la persona. El corazón es riquísimo como símbolo y promesa, suscita esperanza y anhelo de éxito, de felicidad y de amor.

Al relacionar este símbolo con nuestra comunidad, tenemos que hablar en primer lugar de respeto, consideración y amor. Esta es la actitud que debemos adoptar los unos con los otros; es la actitud básica para los que llevan una vida comunitaria con un proyecto común. Al decir que estas son las virtudes básicas necesarias para que nazca la confianza mutua, es evidente que el amor se comprende como una actitud inspirada por la gracia. Estos valores básicos son indispensables para que la confianza mutua pueda crecer, y para que esta confianza, herida por decepciones y conflictos, se reconstruya lentamente. Donde falta el respeto mutuo, la cortesía y la amabilidad, quiebra al final todo lo comunitario. Esto implica en primer lugar que haya interés por el bien del otro, que cada uno se esfuerce por el otro, incluso más bien que cada uno se entregue para los demás y para la comunidad. Cuando se arrincona este respeto, esta consideración para el otro como persona, como hermana o cofrade, la vida comunitaria acabará al final fracasando. Esto no excluye que haya conflictos y discusiones. Pero quien aborda eso con corazón, descubrirá todavía en toda discusión lo común, él encontrará todavía en medio de la divergencia de opinión o de visión, la base común que en la búsqueda de cada uno sigue orientada hacia Dios.

Insaciable fuera de Dios, el corazón es el símbolo primario de la añoranza y de la búsqueda del totalmente Otro, de la última plenitud, de la felicidad eterna. Entre amantes el corazón ya significa esa voluntad de estar junto al otro, de abrirse al otro, de sentirse atraido hacia el otro. El que ama, se da cuenta cuando el otro golpea en la puerta y espera. El amor está asociado al mismo tiempo con atención y esperanza, con interés y respeto, con humildad y reservas. Me importa mucho que a tí te vaya bien, que tu te puedas desarrollar, que tu seas feliz. Veo también tus debilidades y tus puntos flacos, tus fallas y tu dejación. Una comunidad cordial no consiste en refugiarse tranquilamente, sino en constatar con amor, acompañar con fidelidad, empeñarse con sinceridad. Es la amistad que San Agustín ha buscado y vivido con sus hermanos. El no puede imaginarse una comunidad sin estas inclinaciones y estos sentimientos amistosos, sin la disposición a perdonar, sin la disposición de mantenerse en segundo plano o de retirarse por el bien del otro. Una vez Agustín describe como experimenta la vida comunitaria fundada en relaciones amistosas y que significa para él vivir así: «Otras cosas había que cautivabam más fuertemente mi alma con mis amigos, como era el conversar, reir, servirnos mutuamente con agrado, leer juntos libros bien escritos, chancearnos unos con otros y divertirnos en compañía ; discutir a veces, pero sin animadversión, como cuando uno disiente de si mismo y con tales disensiones muy raras condimentar las muchas conformidades; enseñarnos mutuamente alguna cosa, suspirar por los ausentes con pena y recibir a los que llegaban con alegría. Con estos signos y otros semejantes, que proceden del corazón de los amantes y amados, y que se manifiestan con la boca, la lengua, los ojos y mil otros movimientos gratísimos, se derretían como con otros tantos incentivos, nuestras almas, y de muchas se hacía una sola. »

Custodia

saonorberto_xanteGeneralmente se representa a San Norberto con una custodia, y pocas veces con un caliz. La custodia (llamada así en España), al la cual se da también el nombre de ‘ostensorium’ o ‘Monstranz’ (en alemán), es un instrumento para mostrar la hostia grande. La custodia viene del relicario medieval y está relacionada con la aparición de la fiesta del Santísimo Sacramento. Aparece solamente en el siglo XIII, y se propaga durante el siglo XIV. En esa forma, San Norberto no la habrá conocido. El sentido de la custodia consiste simplemente en mostrar la hostia. Según esa iconografía, San Norberto muestra al Señor presente en la eucaristía. Lo distintivo que caracteriza a San Norberto es : el vínculo con la Eucaristía, la adoración del Señor en su presencia real eucarística, dado como pan y vino. Por varias razones, Norberto es un Santo ‘eucarístico’ : por su costumbre fuera de lo común en su tiempo de celebrar diaramente la Eucaristía, por la gran importancia que daba a la limpieza del altar, por su veneración y su conmoción profunda por la verdad y la realidad de este sacramento. Con la custodia en sus manos, San Norberto nos muestra de manera evidente el contenido y el centro de su fe: el Señor Dios realmente presente. La custodia significa entonces : celebrar la Eucaristía, cumplir con lo que el Señor nos dejó como herencia y mandato, celebrar el misterio de la fe y volver a conmemorarlo. Es cuestión de colocar algo bajo la mirada de la gente, de aclararlo, de abordar a la gente y de proponerle un mensaje; se trata de reunir a la gente y de presentar el Sacramento a través de la doctrina, la prédica, la celebración y la adoración. Finalmente la intención es de llevar a Dios más cerca de los hombres, de hablar de Dios y de promover una mayor conciencia de su presencia bondadosa. No se trata solamente de la adoración silenciosa de la Eucaristía o de un silencio que la adora ; de manera global se trata de proclamación y misión, de doctrina y formación, de orientación e interpretación. Durante su vida, san Norberto siguió siendo un predicador itinerante que presentaba con insistencia el evangelio, el mensaje de paz y salvación por el amor divino. Si el significado de la custodia (Monstranz) consiste en esa ‘referencia’, en esa presentación, en esa forma de orientar y de detenerse temporalmente, en esa realidad mostrada y que se muestra a si misma, - entonces toda forma de apostolado, de liturgia y de oración puede resumirse y condensarse en este signo.

Ahora, al relacionar ese símbolo con nuestra comunidad, se deducen algunas pistas, desde una presencia hacia dentro hasta un presentarse hacia fuera, desde la vida interior de la comunidad hasta las actividades exteriores y la pastoral con la gente. ¿Cómo es mi presencia dentro de la comunidad, cómo me ven dentro de la comunidad, qué significo para ella ? ¿En qué medida estoy presente en mi comunidad y qué represento para los demás a nivel de ideas, de visión, de esperanza, de convicciones ? Son preguntas que cada una y cada uno puede ponerse ; pero también cada comunidad en su totalidad puede ponérselas. Estas preguntas son un desafío para cada uno, por ser miembro con pleno derecho y deber que asume también la responsa-bilidad de la imagen de su comunidad.

385La custodia es algo que se muestra, algo que les mostramos a los demás, que les presentamos. De tal manera se significa la comunidad en cuanto se vuelve hacia fuera, se significa todo lo que se realiza hacia fuera, para la gente. Abarca cada forma de apostolado y de encuentro con los hombres, cada forma anunciadora que instruye y desarrolla la vida (por la prédica y la catequese, por la enseñanza y la asistencia, oralmente y por escrito, en el campo visual o por internet) - todo eso está simbólicamente representado por la custodia. Se incluye tanto la forma propia de encuentro con los hombres desarrollada por una comunidad contemplativa de hermanas, como también el esfuerzo ofensivo de formación y de proclamación de la comunidad masculina la más activa donde los hermanos sacerdotes y los encargados se sienten enviados hacia el pueblo para construir el Reino de Dios a todo nivel. ¿Cuál es la imagen de la Iglesia que transmitimos ? ¿Implica nuestro estilo de vida hoy todavía un mensaje para la gente ? Nuestra pastoral, ¿es adecuada para el tiempo y el pueblo ? ¿Nuestro lenguaje y nuestra manera de explicitar el sentido de la vida toca las inquietudes y las formas de vivir de la gente ? ¿Y la gente jóven o marginalizada, los hombre que viven expulsados o en crisis, ¿pueden entender ellos nuestra palabra y lo que decimos de la vida?

El corazón y la custodia : dos símbolos de los Padres de nuestra Orden, que pueden nuevamente hablarnos y promover el desarrollo de la vida consagrada.

¿Qué es lo que yo amo ? ¿Qué es lo que arde en mí ? ¿ Qué es lo que yo muestro ? ¿Qué es lo que represento ?

Roma, el 14 de febrero 2004

 
Validar